jueves, 9 de febrero de 2012

DESDIBUJADOS

Es difícil no pecar de confianza cuando te enfrentas a un equipo que va más abajo que tú en la tabla. Es difícil no pensar que va a ser un partido fácil y que está todo hecho. Y como es difícil no hacer cosas así, no lo hacemos.

El partido prometía. La vuelta de Chucho y de Andrew hacía notar cierto ambiente de alegría, sobre todo por su regreso a los terrenos de juego, pero también por que con ellos el equipo ganaba refuerzos en el aspecto ofensivo.

Ellos eran jóvenes, jugaban y tocaban bien. Nosotros, con nuestro oficio, sabíamos que el secreto era aguantar y tirar de contraataque. Tanta derrota seguida nos había hundido en un mar de desconfianza en nosotros mismos y en un estado de cierta desesperanza. Teníamos que ganar como fuera.

El primer gol llegó pronto. Una jugada del equipo rival bastante bien llevada haría que el delantero, tras zafarse de la defensa, batiera por bajo a Asier. Nos colocaba dicho gol en un punto complicado, pues era necesario remontar.

Los gladiadores naranjas luchaban como leones, mermados en cambios pero convencidos por un momento en que era posible el milagro. Andrés, tras una buena jugada en equipo, conseguía el empate a uno tras un buen disparo, obra de un auténtico Killer, como es él. Estábamos de nuevo en la pomada.

La primera parte estaba llegando al final, cuando un centro largo, directo a portería, conseguía colarse en la meta naranja. Asier no conseguía atajar el balon, en cierta medida, deslumbrado por el sol que a lo alto observaba el partido atento y por el soplo de aire que envenenó el centro. Terminaba la primera parte con ventaja del rival.

Una vez más, como ya iba siendo habitual, nos habíamos confiado demasiado y estábamos pagándolo. Pero era momento de levantar la cabeza, mirar al frente y afrontar la segunda parte como si de la última batalla se tratara.

La naranja mecánica comenzaba a llegar con peligro. Chucho intentaba traspasar la defensa, volviéndola loca con sus quiebros. Ferry tiraba de fuerza para agarrar balones largos. Nada era suficiente.

Sin embargo, una jugada de mago, protagonizada por Chucho, terminaba en un penalti que el árbitro se encargaba de pitar. El mismo Chucho se encargaba de transformar la pena máxima y de igualar la contienda.

El empate reinaba en el marcador. El problema era que el equipo se sentía cansado. Una vez más, los cambios eran escasos (muy escasos). Las llegadas al área contraria se desvanecían cual humo de cigarrillo.

Tanto fue así, que en una llegada del equipo rival, el jugador contrario conseguía irse de varios de los nuestros y disparar muy fuerte y alejado del portero, haciendo el definitivo 2-3.

No había balas en la recámara naranja y el final del partido haría que el equipo se hundiera anímicamente. Nos íbamos con la sensación de no haber hecho nada, o lo que es peor, de no haber sabido hacer nada.

Nos quedamos con la gran noticia de la vuelta de los dos cracks, Chucho y Andrew, pues no hay mal que por bien no venga.

Saludos a todos.

(Entrada correspondiente al partido de la jornada 15 contra el West Ham United).

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